sábado, 8 de noviembre de 2014

Cómo no perder tiempo

El tiempo es un recurso limitado y extremadamente valioso, tal vez el que más. Es por ende importante saber gestionarlo adecuadamente para alcanzar nuestros objetivos (y ya que voy a usar este término varias veces a lo largo de la entrada mejor definirlo: cualquier clase de meta, cualquier cosa que te gustaría tener o saber o ser y no tienes, sabes o eres; aprender a cocinar de verdad, escribir una historia, volar en ala delta sobre las oficinas del Pentágono, lo que sea).

El problema es que como organismos estamos programados para no hacer nada, o cuanto menos para dedicar el mínimo esfuerzo posible en actividades que no sirvan para mantenernos vivos. Y como dijo en su momento Benjamin Franklin (más o menos) "Es ciertamente algo conveniente el ser una criatura racional, ya que capacita a cada uno para encontrar o inventar una razón para cualquier cosa que tenga en mente hacer", y aquí se aplica de una forma increíblemente precisa: nuestra mente está preparada a responder de forma negativa ante cosas que no necesitamos de forma especialmente apremiante (lo cual viene siendo "cualquier gasto no dirigido a mejorar la supervivencia y el éxito reproductivo; sobre todo el éxito reproductivo"), nos decimos que es muy difícil y no tenemos formación, que carecemos de recursos y no tenemos medios o, la más común y la que viene al caso, que no tenemos tiempo.

Y es una lástima, porque normalmente sí que tenemos tiempo, pero nos negamos a aprovecharlo muchas veces. Pero, ¿qué podemos hacer para cerrar el círculo vicioso? ¿Cómo podemos aprovechar el tiempo que tenemos? Bueno, a mí me han estado funcionando varias cosas que no sé hasta qué punto podrán ser extrapolables; pero si a alguien le va bien pues genial. Y si no no me echéis la culpa.
El Tiempo, salvando a la Verdad de la Falsedad y la Envidia, de François Lemoyne. No sé hasta qué punto tiene que ver esta pintura con lo que estoy diciendo, pero estoy hablando del tiempo así que supongo que tengo una excusa para ponerla. En serio, ese tío tiene una guadaña y alas. Woah.

1: Plantea tus objetivos

Esto parece fácil... y de hecho lo es. Pero por alguna razón muy poca gente se para de verdad a hacerlo (¿miedo a verse obligados a trabajar?). Coge un papel (o un archivo de cualquier clase de programa de procesamiento de texto, de notas o de edición de imágenes si te pones tonto) y escribe todos tus objetivos. Todas las cosas que querrías saber, hacer, tener o ser en el futuro (no hace falta que sean serias bajo ningún estándar, yo estoy orgulloso de afirmar que en mi lista uno de los objetivos es "ser mejor en danmaku"). ¿Ya has acabado? Perfecto. Ten ese papel o ese archivo siempre a mano, y trata de tenerlo a la vista siempre que no sepas qué hacer con tu tiempo (para evitar liarnos más adelante, llamaremos a esta lista de objetivos "lista O").

Tacha SOLO los objetivos que hayas cumplido, NUNCA aquellos que ya no te parezcan tan realizables o que merezcan tanto la pena como cuando los planteaste. Lo que sí que puedes hacer es marcar de alguna otra forma (con un símbolo al lado del objetivo o algo similar) aquellas cosas que ya no puedes cumplir (por ejemplo, quieres aprender un arte marcial y acabas por darte cuenta de que hace siglos que no hay ningún maestro que la enseñe en ninguna parte del mundo). Si haces esto y te lo tomas en serio ya tienes media batalla ganada. Mira tú qué tontería.

2: Replantea tu rutina

No pensarías que perseguir tus objetivos sería algo que no tendría ninguna repercusión en tu vida diaria, ¿verdad? Si bien es cierto que no va a ser físicamente posible avanzar en todos tus proyectos todos los días y que lo que vamos a hacer en el futuro es más ignoto de lo que solemos imaginar, es importante tener en mente que tienes metas que quieres alcanzar, y que vas a tener que dedicarles tiempo.

Al principio probablemente te sientas intimidado por tus objetivos, y es normal, normalmente cuando pensamos en metas en la vida estamos hablando de cosas jodidamente grandes, y las cosas jodidamente grandes requieren un tiempo y un esfuerzo ciclópeos. Pero para eso tenemos el archiconocido truco del almendruco: coge los objetivos grandes de tu lista O y divídelos en tantas secciones como creas necesario (para que sea más fácil, crea otra lista (y para que no nos liemos con terminología, llamémosla lista de sub-objetivos, o "lista S"). Ahora que lo tienes por partes te será mucho más fácil buscar un hueco para avanzar en ese proyecto.

En cualquier caso, a la hora de distribuir tu tiempo puede ser que trates de intentar hacerte un horario semanal con distintas tareas tabuladas a distintas horas y tratar de cumplirlo a rajatabla. Yo estoy muy en contra de esto, y me parece una forma increíblemente tonta de no hacer lo que te propones. La vida es más aleatoria de lo que pensamos y nuestras habilidades de cálculo son peores de lo que estimamos, así que al final se te va a acabar metiendo algo en medio y lo va a estropear todo. Y lo digo por experiencia.

Lo que creo que es más razonable es hacer que esa lista S venga con fechas límite con cosas que tengas que tener listas para un día determinado (por limitaciones reales o porque quieras sacártelas de delante antes de una fecha determinada) y que otras cosas que tengas pensado hacer en un régimen o bien diario o bien más o menos periódico no tengan fecha. Lo que sí que es muy importante es tener la lista S al día; actualizarla como mínimo una vez por semana. Para esto viene increíblemente bien el apartado de tareas de google calendar (y no, no voy a comisión), pero si prefieres usar un método más analógico no tendría por qué ir mal.

3: Haz cosas

Ya tienes una idea de lo que tienes que hacer y ya tienes una idea de cómo hacerlo. Pero las ideas no dan dinero, así que tienes que ponerte manos a la obra. Sin embargo, no siempre es tan fácil. O bueno, lo es, pero no siempre crees que lo es.

Hay mucha gente que espera a tener un rayo de inspiración divina para hacer algo artístico, o haber dormido doce horas para hacer algo físico, o tener 27 horas libres seguidas para hacer algo que consuma mucho tiempo. Y no va a pasar. O bueno, sí, puede pasar, pero es más probable que no. No puedes esperar a que se den las condiciones óptimas para trabajar porque así, bueno, algo que podrías acabar en un par de horas puede llevarte meses. Y recordemos que esta entrada va sobre no perder el tiempo. No es algo que haya dejado de ser verdad.

Lo más apropiado es ir "sacándole bocados" a las tareas que tenemos pendientes. A veces tenemos mucho en nuestras manos y lo desaprovechamos ruínmente. Pongamos que estás estudiando y entre clase y clase tienes, yo qué sé, 10 minutos; ¿hay algo de esa lista de tareas en el que puedas hacer ahí y en lo que puedas avanzar algo sin que te lleve más tiempo empezar a hacerlo que hacerlo de por sí? Entonces hazlo, ¿a qué demonios juegas? Y no me vengas con que te cuesta concentrarte o alguna chorrada así, porque yo tenía ese problema y lo resolví a base de hostias. Autoinfligidas.

Si aún así te cuesta empezar, párate a pensar que si no haces nada para conseguirlo nadie lo va a hacer por ti. No hay gente que trabaje consiguiendo logros por ti (aunque ahora que lo pienso me apunto eso para empleos del futuro) y desde luego no vas a conseguir nada mirando muy fuerte tus listas y esperando a que suceda un milagro. Sé proactivo, si quieres conseguir algo tienes que hacer algo que implique tanto esfuerzo como grande es la cosa que quieres lograr (lo cual suena terriblemente ominoso si cambias esfuerzo por sangre).

Y recuerda, "El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es hoy. No malgastes ni un minuto de tu vida, piensa que algún día te vas a morir y cualquier día puede ser el último" (de "El monje que vendió su ferrari", por Robin S. Sharma). No esperes a que sea el momento, haz que sea el momento.

4: Haz más cosas

Bueno, ahora que has conseguido tachar un objetivo de tu lista O es hora de tomarte un descanso. Jaja, no. A no ser que seas la persona más simple del universo y solo tengas un objetivo en la vida, seguro que una vez que has cerrado una puerta te quedan decenas de ellas abiertas. Y es la hostia el subidón de endorfinas que tienes cuando consigues acabar algo en lo que has estado trabajando mucho tiempo, pero si lo usas como excusa no vas a hacer nada más.

Estamos evolutivamente programados para gastar la menor energía posible y como tal tenemos una tendencia bestial a poner excusas. Por desgracia, los logros son una de las mejores excusas que existen. El clásico "sí, no me he puesto a hacer esta otra cosa, pero he conseguido acabar esta". Mi consejo con respecto a esto es que mires a tu lista O y que te imagines que en lugar de la última cosa que has tachado (pongamos, yo qué sé, inventar un cañón de positrones) estuvieses trabajando en otro objetivo de la lista (yo qué sé, unas branquias artificiales). Y que, igualmente, al alcanzar este objetivo (y fueses oficialmente el primer hombre pez en la historia de la humanidad) te acomodaras y no te pusieses a trabajar en otras cosas. Todo lo que acabas de lograr, todo lo que conseguiste con ese cañón de positrones no existiría, sería una masa de nada flotando entre la bruma del brujo espacio. ¿A que jode pensar en eso?

Probablemente me dirás, "wow, eso es demasiado extremo, solo es un poco de descanso bien merecido". Y si es verdad que es así pues tienes razón, de qué serviría cumplir tus objetivos si no vas a celebrarlo. El problema es que no suele ser así, y cuando acabamos algo tendemos a pensar que nos tienen que coronar reyes del mundo hasta que, después de un tiempo variable (para unos días, para otros años) acabamos despertando desnudos en el metro de Moscú y nos damos cuenta de que eso no era más que un pequeño paso en el gran camino, y que nos queda mucho que andar. Y no sé si hay endorfinas de proyecto recién terminado que puedan combatir esa horrible sensación.

Y no dudes en añadir más objetivos a tu lista O. Nuestra existencia dura un tiempo limitado (desgraciadamente, probablemente más limitado de lo que crees gracias a la maravillosa infrastimación del peligro que parece dársenos tan bien a los humanos) y ya nos vemos arrastrados continuamente por fuerzas que podemos controlar poco o nada. Asegúrate de definir activamente tu futuro, porque vivir sin propósito es como subirte en un autobús de una línea que no conoces y bajarte en una parada al azar. Sí, puede ser que sea una buena experiencia y que el sitio sea la hostia y esté repleto de luces de neón y fakires y guitarras eléctricas, pero lo más probable es que eso no sea lo que buscas y que hayas perdido tiempo por no querer ser proactivo. Si, tiempo, el recurso más valioso, recordemos.

Y bueno, creo que eso es todo lo que tengo que decir al respecto. Espero que este batiburrillo le sirva de algo a alguien algún día. Y si no es así, cuanto menos me ha venido bien para desahogar y para reordenar mis ideas. Y si alguien en algún lugar decide poner en práctica alguno de estos consejos, que sepa que cuenta con mi apoyo incondicional y que estaré dispuesto a asistirlo en lo que esté en mi mano. Lo cual probablemente no sea mucho, pero suena bien.